Corazonada

Llevaba un año de mierda, dicho alto y claro. De esto que gritas en tu habitación cuando ya no puedes más “¿por qué siempre a mí?, ¿qué más me puede pasar?”. Mi trabajo como concejal de urbanismo de Móstoles me tenía consumido, entre otras cosas.

No quería salir, era sábado, no me solía quedar en casa, normalmente suelo salir aunque sea a cenar o tomar algo.

Era un día especial, teníamos que celebrar que Fede iba a empezar a trabajar en el Hospital Príncipe de Asturias. Siempre tuvo claro que Medicina Interna era su sitio, pero a sus 35 años, ya casi lo daba por perdido. Por fin llega su oportunidad, y yo no me quería perder el brindis por ese éxito, tan merecido.

La cena la hicimos en la ‘Rollerie’, un sitio Bastante chulo. Un par de copas de vino blanco, unas risas, y las típicas fotos de recuerdo para Instagram.

Yo tenía ya mi chaqueta de cuero puesta, y me disponía a buscar el abono transportes en mi cartera para volver a casa:

  • Pero, ¿dónde vais?, que esto acaba de empezar, dijo Fede.
  • ¿Para casa no?, responde Ainhoa.
  • De eso nada, tenemos un reservado en ‘Dreams’ para antes de las 2, así que vamos para allá.
  • ¿En serio?, ¿Pero esa no es la discoteca dónde la gente sólo ‘perrea’ y ponen música ‘poligonera’?, pregunta frunciendo el ceño Lucía, la novia de Fede.
  • jajaja, ¿y qué problema hay?, ¿no es lo que queremos?, vamos para allá, gritó de manera vehemente Lucas.

No sabía qué decir, pues tenía más ganas de irme a casa que de quedarme deambulando o en un antro de mala muerte cargado de gente hasta las cejas de alcohol, y otras sustancias ilegales.

  • Venga va, es la noche de Fede. Voy a pedir dos taxis, dije animando al resto.

Creo que sonó convincente, pues todos entonaron al unísono el famoso ‘suuuu’ de Cristiano Ronaldo.

No os imagináis lo que es no tener que esperar cola para entrar, sobre todo teniendo en cuenta que hacía en la calle 5 grados a lo sumo. Y sí, para variar, ahí estaba yo, con mi chaqueta de entretiempo en pleno invierno.

Le tuvo que costar una pasta. Dos botellas, 10 personas, calculo que unos 300 euros. Buah, ya estoy perdiendo el tiempo en nimiedades, en vez de pasármelo bien. Me alegro mucho por Fede, pero odio las discotecas, me duelen los pies.

9 tíos con camisas de cuadros, 14 con camisetas negras, 13 con pendientes, 2 con coleta al estilo Pablo Iglesias, casi todas las chicas en tacones. Bueno ya paro, qué manía con llevar el control. Déjate llevar Álex.

Nos acabamos las dos botellas. Yo que no suelo beber, me tomé 4 copas, y ya estaba empezando a balbucear. Me sentía raro, seguro, con confianza. Sonreía a las chicas que me miraban, a las que no también.

Una chica morena, de ojos azules me llamó especialmente la atención. Me presenté, (¿cuántas veces he hecho yo eso?). Se llamaba Lucía. Trabajaba en el departamento de Recursos Humanos de una importante empresa de fármacos. La mitad de las cosas no las recuerdo, ya que me quede embobado mirándola. Sus ojos eran como dos luceros que me querían mostrar el camino en mi perdida vida. Qué poeta yo.

Nos tiramos como media hora sin dejar de hablar, y lo mejor, que la chica no paraba de sonreír. Hacía mucho que no conectaba así con nadie.

  • ¿Te vienes fuera a ‘tomar el fresco’?, me dijo entre risas.
  • A convertirnos en cubitos de hielo dirás, le respondí.
  • Viva los pingüinos, venga vamos, me dijo aplaudiendo.

Salimos del bar, ante las miradas incrédulas de mis amigos, pues no me habían visto hablar con una chica desde hace por lo menos 2 años y medio.

En la acera frente a la discoteca, Lucía metió la mano en su bolso y sacó un cigarrillo, uno de esos mentolados que están tan de moda.

  • ¿Quieres uno?, me preguntó.
  • ohh, ¿fumas? Ya has perdido puntos, le dije apenado.
  • Hay cosas peores que el tabaco muchacho, pues tú has perdido puntos por decirme que he perdido puntos, já! me dijo divertida.
  • ¿Sabes? dame uno. No fumo, pero te confieso que cuando bebo, alguno que otro me fumo, le dije en plan fanfarrón.
  • ¡Te gusta hacerte el chulito delante de las chicas eh!, me respondió Lucía.
  • Si te digo la verdad no, sólo es porque me marea un poco, me hace desconectar y dejarme llevar, cosa que a veces me cuesta, me sinceré.
  • Guau, todo evasión. Por el presente, intentó chocar su mano cerrada con la mía, emulando un vaso.

Nos fumamos un cigarrillo más, fuimos a comprar algo para comer, y de nuevo nos encontrábamos en la puerta de la discoteca, pero 45 minutos más tarde. Decidimos que si entrábamos era para despedirnos de nuestros amigos y marcharnos, efectivamente, juntos.

  • Oh my god, dije para mis adentros. Que lo de conocer chicas lo había dejado, que sólo me iba a centrar en trabajar y pintar.

Abracé a Fede, y me despedí de los demás. Acompañé a Lucía hasta su casa, que vivía dos calles más atrás de la discoteca.

  • ¿Y ahora qué hago?, ¿la beso o no la beso? pff qué complicado. No quiero cagarla, tengo una corazonada con esta chica. La acabo de conocer, pero me transmite mucho. Las dudas me asaltaban por todos lados.

Nos quedamos en su portal media hora, aunque puede que fueran 2, a mí se me pasó volando. Ganas de besarla no me faltaban, pero no, no lo hice, quería hacer las cosas bien, y que no que quedara todo en cosa de una noche.

  • ¿Quieres desayunar? Te llevo al local de unos amigos que está ahí arriba, y nos tomamos unos churros con chocolate, ¿te parece? Me propuso Lucía.
  • Claro, por qué no, suspiré de alivio, ya que no quería subir a su casa, por si su intención era únicamente la de llevarme a su cama.

Caminamos apenas 2 minutos, y nos posamos frente una especie de bar con el cierre echado. Lucía dio un par de golpes, y una chica abrió.

  • Hola Sonia, ¿Qué tal?, este es Álex, me presentó.
  • Encantado, respondí.

Pasé, y me llevaron directo a una habitación con la luz apagada.

  • Aquí está, dijo Lucía.

Noté como me agarraban. Me quitaron la chaqueta de cuero y me lanzaron al suelo.

Lo siguiente que recuerdo es despertarme 6 meses después en una cama de hospital.

A Fede fue al primero que vi. No entendía nada, estaba desorientado. Un maldito tubo no me dejaba abrir la boca. Esa sensación no puedo explicarla con palabras, y no se la deseo a nadie.

A los pocos días entendí qué hacía ahí. Un grupo de tres personas me metieron una paliza. Me rompieron 3 costillas, me fracturaron la nariz, y además me dieron varios golpes en la cara que me provocaron un desprendimiento de retina, y un derrame cerebral que hicieron peligrar mi vida. Estuve en coma más de 5 meses.

Al parecer, los individuos, de nacionalidad española, eran familia y amigos de los miembros de una empresa que no quedaron muy contentos con el informe desfavorable acerca de la recalificación de unos terrenos en Móstoles que elaboré meses atrás, poniendo fin a su idea de crear un gran hotel de lujo.

La rehabilitación fue dura, pero el encontrarme cada día un poquito mejor, me ayudaba a no abandonar.

¿Lo mejor de todo? Laura, mi compañera de habitación, que sufrió una trombosis venosa profunda en la pierna derecha. Ella jamás borraba la sonrisa de su rostro, y me recordaba el camino cuando me desorientaba.

Laura y yo nos recuperamos juntos, forjamos una amistad y compartimos sueños.

Así es como entre corazonada y corazonada, conocí a la mujer de mi vida.

 

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jobar vaya historia tiene de todo!!

    Le gusta a 2 personas

      1. camineroo88 dice:

        Me alegro! 😀

        Le gusta a 2 personas

  2. macalder02 dice:

    Excelente narrativa. Lo he disfrutado mucho.

    Le gusta a 1 persona

  3. Una historia con un giro sorprendente.

    Le gusta a 1 persona

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