Alma

Han pasado unas cuántas primaveras desde que Alma sufriera uno de los golpes más duros e inesperados que la vida le ha dado hasta ahora. Tenía todo planificado, una pareja perfecta, familia y amigos que la querían, una salud de hierro y un futuro que se auguraba de ensueño en la casa de alquiler en la que vivía con Daniel.

El 24 de marzo de 2013, Alma se escapó antes de la agencia de comunicación en la que trabajaba. Era un día como otro cualquiera, especial para ella por no ser especial para el resto del mundo. Compró en el súper de enfrente una bandeja de sushi y una botella de Yllera 5.5 “frizzante” que tanto le gustaba. Allí un joven de ojos verdes le entregó ambas cosas en una bolsa junto a la mejor de sus sonrisas.

Introdujo la llave en la cerradura, empujó la puerta y para su sorpresa la casa estaba totalmente en penumbra. Persiguió el sonido que venía de su habitación y ahí estaban su novio y su mejor amiga reduciendo a cenizas los planes, los sueños, las ilusiones y la confianza que tanto cuesta ganar y tan poco perder.

Aunque la relación quedó finalizada aquel día, Alma quiso saber desde cuándo le engañaba. Daniel le confesó la doble vida que llevaba con Lucía desde hacía algo más de 2 años. Doce años viviendo una mentira, confiando en un desconocido, abriendo y compartiendo su corazón con alguien que lo estaba asfixiando en cada latido.

Por si fuera poco, seis meses después comenzó a sentir fuertes molestias en su pierna derecha, acompañadas de un enrojecimiento que reclamaba atención urgente. Decidió ir al hospital, donde le diagnosticaron una trombosis venosa profunda provocada por una enfermedad congénita. Podía hacer vida normal, pero desde aquel día el Sintrom se convirtió en su fiel compañero de vida.

Convivió con su problema, canalizó su dolor y cambió algunos de sus hábitos diarios para que la enfermedad no mermara su salud.

Cuatro años después, Alma preparaba junto a sus amigas la Baby Shower de Sonia, a la que le quedaba algo menos de un mes para dar a luz al pequeño Izan.

Todas se escondieron en el salón con la luz apagada, esperando a que apareciera Sonia acompañada de su marido Luis.

  • ¡Sorpresa! Gritaron todas al unísono.
  • ¿Pero esto qué es? Respondió sonrojada Sonia.

Los abrazos y los besos precedieron al picoteo, las anécdotas y los cotilleos.

  • ¿Y tú cuándo vas a echarte novio? Preguntó Irene.
  • No está en mis planes ni creo que sea algo que haya que buscar, así que cuando llegue supongo, respondió tímidamente Alma.
  • ¡Se te va a pasar el arroz! Interrumpió Laura.
  • Uy sí, mira qué preocupada estoy, sonrió Alma.

Todas las amigas de Alma tenían pareja, casi todas estaban casadas y muchas de ellas tenían bebés.

  • ¿Sigues creyendo en el amor a pesar de lo que has vivido? El amor no existe, es lo que te venden las películas, esto es el mundo real, dijo Ana.
  • Claro, además el amor dura 5 años según un estudio científico que he visto publicado en una revista. Luego se convierte en cariño, o ni siquiera en eso, dijo María entre carcajadas.
  • Tienes que encontrar a alguien que te trate bien y ya está, moldearte a él y montar una familia, que ya tienes 35 años, dijo Miriam en plan madre.
  • Yo no quiero eso, para mí el amor no se parece en absoluto a esa idea. El amor es un sentimiento tan fuerte que no se puede explicar con palabras. Es tú me das y yo te doy sin esperar nada a cambio. Es paz mental, equilibrio y hogar. Si no siento eso prefiero quedarme como estoy, dijo tajante Alma.
  • Lo que digo, de película, repitió Ana aplaudiendo de manera sarcástica.

Alma es una chica fuerte, sentimental, luchadora, inconformista y sincera, que va más allá de las apariencias, los estándares y los clichés. Pensaba a menudo en el sentido de la vida, cómo la planificamos creyendo que la tenemos bajo control y cómo cambia sin previo aviso en cuestión de segundos.

Cuando lo dejó con su novio volvió a su casa, donde vivía con su padre, el cual tenía un aneurisma cerebral que le convertía literalmente en una bomba de relojería. La idea de perderle es algo con lo que aprendió a vivir, aunque nunca pudo deshacerse del miedo a imaginar lo que podía pasar si se rompiera.

Tenía dos carreras, la de periodismo y la de educación primaria, y se estaba preparando las oposiciones para conseguir una plaza fija en algún rincón de España. Además, los jueves daba una charla en el instituto para ayudar a los más jóvenes a reflexionar sobre diversos temas.

Aquel jueves de noviembre fue el turno del poder de las decisiones. Alma abrió el debate comentando a sus alumnos que desde que nacemos hasta que morimos tomamos decisiones y ellas marcan nuestro camino, por lo que somos los diseñadores de nuestro propio destino. Desde qué estudiar, a qué dedicar nuestro tiempo libre o qué serie de televisión ver hasta de quién rodearnos.

  • ¿Y cómo sabremos si hemos elegido bien? Preguntó uno de los alumnos.
  • Siempre hay una elección que sentimos que queremos tomar, por encima de otra, que creemos que será la correcta. Esa será la que tengamos que escoger dejándonos llevar por nuestros sentimientos, ¿será la buena? Puede que sí o puede que no, con las malas elecciones también se aprende y nos reconducen hacia nuevos lugares donde experimentaremos nuevos horizontes y nuevas decisiones. No hay que tener miedo a fallar. Fallar nos hará valorar aún más nuestros aciertos.

De camino a casa, Alma compró fresas con nata. Le esperaba arroz al horno, su plato favorito y la especialidad de su padre, quien nació en Favara, un pueblecito de Valencia.

Cuando entró por la puerta se encontró a su padre tirado sobre el suelo de la cocina, no respiraba. Alma se quedó un instante bloqueada, pero logró llamar a urgencias y en aproximadamente ocho minutos estaban trasladándole al hospital más cercano.

Los minutos en la sala de espera parecían horas y a pesar de ser una persona positiva, no dejaba de ponerse en lo peor. Nadie salía a darle noticias del estado de salud de su padre, sólo había desconocidos a su alrededor y no entendía qué estaba pasando ni cuánto iba a durar esa agonía.

Después de un largo rato, una doctora se acercó a ella y le comunicó la fatídica noticia, el aneurisma se rompió y le provocó la muerte a los pocos segundos.

Alma se resquebrajó por dentro, otra vez su mundo se venía abajo cuando menos se lo esperaba, cuando más comenzaba a ser ella misma. Su miedo se convirtió en realidad.

Unos meses después decidió acudir a terapia. Alguna vez se lo había planteado tiempo atrás pero nunca se atrevió a dar el paso. Alma se sentía cada día más cómoda contándole sus preocupaciones y miedos a Álex, una joven apasionada por la Psicología y las emociones del ser humano. Alma fue poco a poco superando sus miedos, aprendiendo a canalizar el dolor y tomando las riendas de su vida.

Un año después acabó la terapia y su relación “médico-paciente”. Tras ello no dudó en confesarle a Álex que estaba locamente enamorada de ella.  Al fin pudo poner en práctica el concepto del amor que siempre había defendido, en un marco que jamás había imaginado ni planeado.

A Alma nunca le gustaron las mujeres o eso creía. Hasta los peores momentos, en los que sentía que se alejaba de sí misma, le sirvieron para conocerse y encontrar su destino.

Hoy, 24 de marzo de 2019, Alma y Alex se darán el sí quiero en la Iglesia de Santa María de Guareña, un pueblo de Badajoz que vio nacer a su madre, el mismo día que entregó su vida para salvar la de su hija hace exactamente 37 años.

Muchas de las amigas de Alma hoy están divorciadas, sumidas en miles de batallas internas y conflictos con sus exparejas por la custodia y la educación de sus hijos. Darían lo que fuera por dar marcha atrás y cambiar algunas de las decisiones que tomaron fruto del miedo y el conformismo.

La vida no se desarrolla siempre como deseamos o imaginamos. La vida nos sorprende muchas veces para bien y otras para mal, por lo que hemos de estar preparados al posible cambio, adaptarnos y afrontar los golpes que recibamos. Podemos flaquear, caernos y hasta dudar, pero nunca abandonar. No podemos conformarnos, tenemos que luchar por nuestros principios, por nuestros sueños y sobre todo por seguir creciendo sin estancarnos. Al final todo esfuerzo tiene su recompensa y todo llega para el que sabe esperar. Hemos de disfrutar de cada instante como si fuera el último porque la vida es aquello que sucede mientras estamos ocupados haciendo otros planes.

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